
Aún no sabía si estaba bien o mal lo que sentía, ni lo que iba a hacer por aquello que inundaba de lágrimas mi corazón. Rece dos noches mientras lo pensaba, grite tu nombre mientras encontraba el valor de tener tu amor de nuevo entre mis brazos, acaricie mi cuerpo mientras imaginaba que mis manos eran las tuyas, retorciendo entre mis sabanas cada una de las ansias reprimidas desde que me dejaste, pero ahora, estaba seguro de hacer lo que me dictaban estos sentimientos que enloquecían al verte llegar cada noche y a escondidas, los que no paraban de enredarme entre sonrisas y melancolías. Te veía un día y al siguiente no, pero sabía que ibas a regresar, hasta que acabo septiembre y con el acabaron las formas de darme un poco de tu amor.
Desde el amanecer de octubre extraño tu risa, las caricias y palabras que me regalabas con cada una de tus visitas, cuando entrabas por la ventana pidiendo al cielo no te viera alguien y pidiéndole a mis ojos no dejaran de mirarte.
Desde el amanecer de octubre extraño la humildad de tus sermones y los regaños propiciados por mis faltas al colegio, el calor de tu pecho cuando las noches frías nos envolvían, y lo dulce de tu aroma por los litros de loción, los suspiros que emitías después de cada te amo y el menear de tu cabeza al escucharme cantando tu canción.
Desde el amanecer de octubre no he dejado de pensar que pudo haber sido de nosotros, si hubiéramos sido más felices de lo que ya éramos, si hubiese llegado el día en que no me prohibieran tu amor, si en unos años tendríamos el cachorro al que querías llamar Blu, o si haríamos el amor cada mañana como lo prometiste en una noche llena de alcohol.
En el atardecer de octubre recordaba cada película en el sillón, o los escapes a los que me obligabas antes de que cayera el sol, el chocolate que compartieron nuestros labios en el taxi rumbo al hotel y las estrellas que me regalaste sin siquiera saber porque. Así eras tú, no necesitabas un pretexto o una razón para hacerme sentir bien, para darme algún detalle, todo lo escudabas diciendo que si hacías esto o aquello era porque me amabas, que si me dabas todo o no me dabas nada, era porque me amabas.
Desde el anochecer de octubre me ahogue en la tristeza y me acompañe de la soledad, ya no tenía tus ojos frente a los míos, ya no tenía tus labios junto a los míos, ya no tenía tus piernas entre las mías, ya no tenía tu cuerpo sobre mi cuerpo.
Desde el anochecer de octubre ya no miraba la luna, ya no importaba su forma, si sonreía o si eclipsaba, ya no veía tampoco el sol, me mantuve tras las cortinas que nunca te gustaron pero no me dejaron romper, me recosté con las almohadas en las que nadie supo que dormiste, y trataba de olerte por última vez, porque sabía que si te fuiste fue para no volver jamás.
Así terminaba la primera noche de octubre, así iba a iniciar un nuevo día en mi vida, si es que le podemos llamar vida después de tu partida. Así terminaba y así mismo yo quería renacer, renacer para estar contigo, para disfrutar de otra vida juntos.
Mire mis manos, distorsionadas en un reflejo que ampliaba un rayo de luz al movimiento, un reflejo no concreto, no idéntico, pero si mortal. Mire mis ojos frente al espejo, distorsionados por la magia que fluía de ellos y los hacia hinchar. Mire mi carne en un momento, como cedía al dolor y como cedía a mi fuerza, como era igual de débil que antes de conocerte, como iba a ser después que te volviera a ver.
Aun no sabía si estaba bien o mal lo que sentía, ni lo que iba a ser de mí después de hacer lo que estaba haciendo, mire como mi alma se vaciaba gota a gota y mi llanto no se podía extinguir, sentí como el amor que llevaba dentro me rodeaba y mi mente formaba tu nombre antes de partir.
Cayeron mis parpados y sentí tus manos, todo estaba oscuro y yo seguía en mí, solté mi cuerpo en un segundo y ahora estoy de nuevo frente a ti.
Así iba a iniciar de nuevo otra mañana, pero ya no veía el caso de seguir ahí, si tú hacía ya dos días habías muerto, no encontraba otra razón para vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario