lunes, 4 de abril de 2011
Estas ahi?
martes, 23 de marzo de 2010

Es difícil saber el porqué de tu partida
Y no es tan fácil rechazarte si mi corazón no te olvida
Es inhumano amar lo que no se tiene
Y es imposible hacerlo si de pie no te mantienes
Es muy grato hablar de sentimientos
De desahogos, martirios o tormentos
Es muy grato contar con las palabras
Cuando las lagrimas se secan y las sonrisas se desarman
Es tan fácil crear mil antifaces
Es tan fácil jugar cuando no te deshaces
Pero es más fácil caer en el intento
De no querer ver que te mueres desde dentro
He sufrido varias noches soñando que regresas
He dormido varios días por desvelos y tristezas
He marcado un parte aguas en la palma de mi mano
En el oráculo y la lectura de un futuro ya marcado
Vaya destino el que me has hecho vivir
Vaya castigo el que tengo que sufrir
Pero si es que algún día tu regresas a mi
Daré gracias a la vida por volverme a hacer feliz.


I PIEZA
El día en que partió Cupido decidí no llorar por ti, porque espero que regreses, porque quiero que regreses, porque vas a regresar.
Apenas comenzaba el día después de aquel dedicado a San Valentín y a los enamorados como yo, yo el que vio sus sueños en tus ojos, yo el que sintió su corazón en tus manos.
Me levante como otros días, pero sin las ganas de que pareciese nunca tengo, de manera inánime di mis primeros pasos fuera del colchón torciendo mi tobillo y manteniendo el dolor dentro de mi; si podía con el dolor que cargaba mi corazón, podía aguantar eso y más. Salí y el frio me comía, pero yo ya estaba helado, la calle me aislaba entre sus sombras y silencios, pero yo ya estaba solo, la gente me miraba pero el mundo ya no existía, y aun así seguí mi camino pensando en ti y en la sonrisa que me habías regalado, tus ojos con lagrimas reprimidas y tu preocupación por saberme tranquilo, por saberme seguro, porque llegara bien a casa. Extrañado por tus mensajes, no soporte el que no quisieras saber mas de mi y no supiera mas de ti, aunque fuera por el bien de ambos en lo que aclarabas tus ideas y te probabas aquello que no me quisiste mencionar, lo cual respete porque sé que tienes tus razones, pero aun pude vivir con la promesa que hice aquel día, amarte por siempre, y por ese amor que me une a ti esperarte el tiempo que fuese necesario, esa promesa no la olvido y no la olvidaré en nuestros treinta y cinco años de vida, una meta que nos propusimos juntos e independientes.
Después de una travesía larga y cruda llegue a mi destino donde cruce palabras con personas conocidas y extrañas, pero aun con mi mente nublada con tu rostro aprendía usar la palabra leso, leso de amor, herido del alma, casi muerto en vida pero con la esperanza de poderte ver más pronto de lo acordado.
Luego vino un descanso de dos horas de actividades normales, pero dos horas libres para pensar aun mas en ti, platicando las anécdotas de cómo supe de ti y como supiste de mi, la primera vez que hablamos y nuestro noviazgo de chocolate, como olvidar el juego donde fingí ser mi hermano para que me alagaras sin que yo lo supiera y casi le pides mi mano, o mejor dicho me pides la mano, yo era completamente yo a tu lado, querías estar conmigo y te dije que solo podíamos serlo de chocolate puesto que aun no nos habíamos visto y ya planeabas nuestra vida. Platique de ese primer beso frente a la avenida y del beso al que te rehusaste por tu gripa y aun así te robe, y luego me enferme de nuevo; platique se la primera canción que me cantaste por teléfono y de las mil que le siguieron, de nuestras platicas perversas y cuando decidíamos como llamarnos y terminaste llamándome Stitch, aunque con tan solo saber que me amabas era completamente feliz, y aun lo soy.
El mundo me tacho de loco, decían que no podía amar tan rápido, en tan poco tiempo, pero yo sé que eso es mentira, ¿sabes por qué?, porque te amo desde la primer llamada a casa donde veíamos por nuestro futuro, tu escuela y la mía, hablamos de tus besos y los míos, tus problemas y los propios.
Aprendí a amarte con tus celos y enojos, con tu pasado, con tu presente y conmigo. Aprendí a amarte, solo a amarte y nada más que amarte, no quería aprender nada que no tuviera que ver contigo, pero ahora, con el tiempo que pediste, con ese adiós momentáneo, tiene que ver contigo, y también aprendí a enfrentarlo. Llore, mas no lo hice saber, quise reír, mas sonaría hipócrita la carcajada y se vería muy falsa la sonrisa, solo me puedo decir que la tranquilidad me invadió porque confió en ti, porque sé que voy a poder volver a besar tus labios, o por lo menos eso quiero pensar.
De regreso a lo habitual me mezclaba en las costumbres de aquellos quienes hacen lo posible por sentirse alguien al lado de otro alguien, las tradiciones que se reservan en el tiempo y el amor a lo que vives, y aun ahí estabas tu, en cada chocolate que comí a escondidas mientras se debatían los temas, y pensé en algo especial, en el mito, lo que significa un mito, lo que creas para explicar la realidad. ¿Será eso acaso lo que quiero hacer de ti?... Hacerme dependiente de tus manos, de cuerpo, de tu seo, de tus ansias, de tus labios.
Enajenado de ti, vivo para ti, vivo por ti, y esa es mi realidad. Eres mi superestructura marxistamente hablando según lo visto en clases y la situación solo un momento donde hay que saber usar nuestras cartas, y pienso usar todas hasta sentirme débil, hasta acabar con mis fuerzas, aunque nunca se acaben mis deseos.
Y ya había pasado más de medio día y pensaba en hablarte, mandarte un mensaje o hacer algo para saber de ti, pero me contuve, mentí a la gente y caí en lo que die no querer caer, mostrando una sonrisa falsa, diciendo a todos que estaba bien, menos a aquellos que no me lo reprocharían. Comí mas chocolate, y fue chocolate tras chocolate para calmar mis ansias, subí y baje escaleras, trate de refugiarme en el viento y no oír nada más que el golpe del aire sobre mis tímpanos, me canse de escuchar música que congelaba mis sentidos para luego deshacerlos con mi sangre hirviente y con ello haciéndolos brotar en lagrimas sobre mi rostro, lagrimas que cumplen el solo fin de mostrarte lo que siento por ti, amor y dolor, amor y vacio, amor y tristeza, amor y mas amor.
Así llego el turno de perder mi irada en el cielo hasta perder las horas y perderme a mí. Perdido en lo que quiero, en mis mayores deseos y en todo lo que fuera sobre ti.
Cansado de no saber de ti decidí esperar a que llegara el siguiente día, cerré los ojos y soñé contigo.
Abrí los ojos y me vi ahí, frente al espejo, apenas si podía caminar, y seguía sin entusiasmo, termine lo inconcluso y partí de nuevo a un día que esperaba fuera diferente al anterior, con la esperanza de recibir noticias tuyas, pero no sabía si en verdad podía ser diferente.
Hable de mis miedos cuando me preguntaron por ellos, hable de mi odio a los bichos, a los títeres, de los traumas que e causaría un daño físico, de lo que siento cuando estoy en total oscuridad, pero no me atreví a decir que i mayor miedo es perderte, saberte cerca y no estar contigo, saberte triste y no poder consolarte, saberme amándote y no tenerte.
El tiempo pasaba, a veces rápido y a veces lento, siguieron avanzando los segundos y las horas, mis palabras, mis anhelos. Suena el teléfono y brillan los ojos deseando seas tú, pero no, no eres, y mi rostro vuele al de antes, pero se esperar, seré paciente, sabré esperar.
Tome un camino diferente de regreso a casa, fue cansado, fue pausado, solo permanecí despierto la mitad de este, y por fin aterrice a un nuevo mundo de mentiras, mi fabula, mi maravilla de cuento, mi fabulosa vida.
De nuevo subí escaleras y escuche al viento, cree otro universo donde solo estaba yo esperando saber de ti, y todo alrededor desaparecía. Trate de que el universo fuera blanco, con mucha luz, pero no, cada vez se oscurecía más, como si se esfumara la esperanza. Me vi rezando tu regreso y aparecí un espejo en ese mundo para hablar con alguien que en verdad me comprendiera, y quien mejor que yo, así que me conté mis penas y seguí llorando como hacía ya dos días, seguía roto, roto de amor, roto de dolor, roto de mil cosas, pero roto.
No aguante mi soledad y me lo reproche un millón de veces, sentí mi palma recta golpear mi mejilla, una, dos, tres veces mientras seguía llorando, luego a puño cerrado golpee mi quijada, aunque no fuerte pues me daba miedo, así que azote la cabeza contra la pared una docena de veces, unas seguidas y otras con pausas, en verdad me dolía, pero creía que eso iba a dejar de lado por un instante el dolor de mi corazón, pensé que me iba a preocupar más por los golpes físicos que por lo atropellados y aturdidos que quedaron mis sentimientos, pero no, nada funciona, pensé que si por ahora solo te iba a ver en sueños, era mejor soñar. Di vuelta a mi cuarto, me escondí bajo las sabanas, abrace mi almohada e imagine que era tu pecho, que te acercabas y me dabas un beso de buenas noches, te paraste y huiste. Me levante asustado y no habían pasado ni veinte minutos, corrí a la computadora con la idea de que estabas ahí, y descubrí que no, no estabas tú, porque gracias a tus decisiones tampoco estaba yo para ti.
domingo, 21 de marzo de 2010

Pudiste haber mirado mis ojos
Que son los mismos que se adentraron en los tuyos
Pudiste haber mirado mis labios
Que son los que en días pasados abrazaron a tu boca
Pudiste haber sentido mi lengua
Quien fuese la que humedecía tu vientre
Pudiste haber sentido mis dedos
Que son los que resbalaban por tus tobillos
Pudiste haber disfrutado de mi espalda
Que arañabas cuando estabas satisfecha
Pudiste haber disfrutado de mis piernas
Que te servían como juego de enredaderas
Pudiste haber conocido mi voz
Que endulzaba cada noche tus oídos
Pudiste haber escuchado un te amo
Que llenaba de emociones tus anhelos
Pudiste haber conocido mi semblante
Dulce y cálido ante tu belleza
Pero pudiste haber conocido mi corazón?
Porque es el único que se ha quejado de tu olvido y no quiere otorgarte el perdón.

Aún no sabía si estaba bien o mal lo que sentía, ni lo que iba a hacer por aquello que inundaba de lágrimas mi corazón. Rece dos noches mientras lo pensaba, grite tu nombre mientras encontraba el valor de tener tu amor de nuevo entre mis brazos, acaricie mi cuerpo mientras imaginaba que mis manos eran las tuyas, retorciendo entre mis sabanas cada una de las ansias reprimidas desde que me dejaste, pero ahora, estaba seguro de hacer lo que me dictaban estos sentimientos que enloquecían al verte llegar cada noche y a escondidas, los que no paraban de enredarme entre sonrisas y melancolías. Te veía un día y al siguiente no, pero sabía que ibas a regresar, hasta que acabo septiembre y con el acabaron las formas de darme un poco de tu amor.
Desde el amanecer de octubre extraño tu risa, las caricias y palabras que me regalabas con cada una de tus visitas, cuando entrabas por la ventana pidiendo al cielo no te viera alguien y pidiéndole a mis ojos no dejaran de mirarte.
Desde el amanecer de octubre extraño la humildad de tus sermones y los regaños propiciados por mis faltas al colegio, el calor de tu pecho cuando las noches frías nos envolvían, y lo dulce de tu aroma por los litros de loción, los suspiros que emitías después de cada te amo y el menear de tu cabeza al escucharme cantando tu canción.
Desde el amanecer de octubre no he dejado de pensar que pudo haber sido de nosotros, si hubiéramos sido más felices de lo que ya éramos, si hubiese llegado el día en que no me prohibieran tu amor, si en unos años tendríamos el cachorro al que querías llamar Blu, o si haríamos el amor cada mañana como lo prometiste en una noche llena de alcohol.
En el atardecer de octubre recordaba cada película en el sillón, o los escapes a los que me obligabas antes de que cayera el sol, el chocolate que compartieron nuestros labios en el taxi rumbo al hotel y las estrellas que me regalaste sin siquiera saber porque. Así eras tú, no necesitabas un pretexto o una razón para hacerme sentir bien, para darme algún detalle, todo lo escudabas diciendo que si hacías esto o aquello era porque me amabas, que si me dabas todo o no me dabas nada, era porque me amabas.
Desde el anochecer de octubre me ahogue en la tristeza y me acompañe de la soledad, ya no tenía tus ojos frente a los míos, ya no tenía tus labios junto a los míos, ya no tenía tus piernas entre las mías, ya no tenía tu cuerpo sobre mi cuerpo.
Desde el anochecer de octubre ya no miraba la luna, ya no importaba su forma, si sonreía o si eclipsaba, ya no veía tampoco el sol, me mantuve tras las cortinas que nunca te gustaron pero no me dejaron romper, me recosté con las almohadas en las que nadie supo que dormiste, y trataba de olerte por última vez, porque sabía que si te fuiste fue para no volver jamás.
Así terminaba la primera noche de octubre, así iba a iniciar un nuevo día en mi vida, si es que le podemos llamar vida después de tu partida. Así terminaba y así mismo yo quería renacer, renacer para estar contigo, para disfrutar de otra vida juntos.
Mire mis manos, distorsionadas en un reflejo que ampliaba un rayo de luz al movimiento, un reflejo no concreto, no idéntico, pero si mortal. Mire mis ojos frente al espejo, distorsionados por la magia que fluía de ellos y los hacia hinchar. Mire mi carne en un momento, como cedía al dolor y como cedía a mi fuerza, como era igual de débil que antes de conocerte, como iba a ser después que te volviera a ver.
Aun no sabía si estaba bien o mal lo que sentía, ni lo que iba a ser de mí después de hacer lo que estaba haciendo, mire como mi alma se vaciaba gota a gota y mi llanto no se podía extinguir, sentí como el amor que llevaba dentro me rodeaba y mi mente formaba tu nombre antes de partir.
Cayeron mis parpados y sentí tus manos, todo estaba oscuro y yo seguía en mí, solté mi cuerpo en un segundo y ahora estoy de nuevo frente a ti.
Así iba a iniciar de nuevo otra mañana, pero ya no veía el caso de seguir ahí, si tú hacía ya dos días habías muerto, no encontraba otra razón para vivir.
